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La historia del seguro data de miles de años. Aunque no existían instituciones formales, en la antigua Babilonia se utilizaban distintos sistemas de seguros para proteger a los comerciantes de los robos de mercancías.
También se conoce la existencia de “seguros de sepelio” en la antigua Roma entre los grupos de artesanos. A su vez, existía una forma de seguro para los buques. El armador del barco tomaba una cantidad de dinero que correspondía al valor de la mercadería que se transportaba. Sólo se pagaba el valor del buque en el caso de que llegara a puerto. En caso de no llegar (naufragio) el armador se quedaba con el dinero.
Ya en la Edad Media, comienza a regir el “pago por daño”. En la zona del Mediterráneo, existen registros de seguros marítimos desde el siglo XIII. En el siglo XIV aparecen los contratos para regular estas actividades marítimas.
En 1666 aparecen los seguros contra incendio, luego del siniestro que sufrió la ciudad de Londres. Dos años después, en 1668, es creada en París la primera compañía aseguradora dedicada al seguro marítimo y en Londres se crea una corporación de seguros particulares.
El seguro moderno, tal como lo conocemos hoy en día, aparece en el siglo XVII. Es entonces cuando no sólo se aseguran hechos fortuitos, sino también daño causado por personas. Esto cambia completamente a la industria, ya que deben realizarse análisis más técnicos para determinar primas e indemnizaciones. Finalmente, en el siglo XVIII, con la revolución industrial y la modernidad, aparecen en Europa las empresas aseguradoras similares a las actuales.
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